El camino a Santa Anna

Llego del trabajo, no ha sido un día fácil, acarició a Poochie, cargo con el equipo, me cambio de chaqueta por una menos abrigada pero que no deje ver que llevo una cámara de medio formato conmigo (si puede ser). 

Salgo a la calle, barcelona cambia con las horas tanto como un girasol durante el día. Camino calle arriba y me cruzo con dos extranjeros que van al fumadero de al lado de casa, creo que ahora esto es turismo. Unos metros mas adelante un grupo de estudiantes escucha a su profesora mientras ella explica que son esos dibujos o simbolos que hay por las calles, dice que los “artistas” dejan su firma en forma de pintura característica ¿pienso si el Underground ya no es Underground donde me deja a mi?

Salgo a Portaferrisa hay guiris, chinos, yonkis, mas chinos y algun local de mirada perdida. Subo calle arriba y paso junto una via romana en la que todavía hay alguna tumba, hay un señor hablando a gritos por el manos libres cerca de ella, miro atentamente las tumbas y deseo ver salir a centurias romanas y enseñarle modales al señor que grita, no ocurre.

Sigo mi camino, paso frente a un estudio de tatuajes y recuerdo lo mucho que hace que no me tatuo, pienso que tengo que llamar a Norte y en que le llevare algo de comer, esta tan delgado que a mi lado parece de otra especie. 

Salen tres inglesas de una tienda Vintage, ahora llaman así las tiendas de segunda mano para poder cobrar mas por lo mismo, una lleva bolsas con ropa y otra con vinilos, creía que eso es lo que hacíamos nosotros al ir a Londres ¿donde demonios se supone que iremos ahora?

Llego al fin a la calle donde están la iglesia de Santa Anna, una cale llena de tiendas de diseño y cafeterías. Se me cruza un señor de apariencia anodina de ropa raída, me mira, veo tristeza en la mirada, le sigo y entramos juntos en el patio de la iglesia, esta lleno de mendigos (no me gusta esa palabra usare la de Señor) a la izquierda hay una gran plaza, se escucha alguien cantar algo alegre, sigo al Señor, paso el pórtico, hay un cartel: “visitas iglesia izquierda, comedero social derecha”. Me paro, el Señor va hacia la derecha, dudo por un instante cual es mi sitio, finalmente voy a la izquierda.

Dentro de la iglesia hay muchas voces y jaleo, esta tapado con un biombo de madera que separa un ala de la iglesia, se entre ve mesas, gente hablando amigablemente y comida, todo esto presidido por un gran cuadro de mas de tres metros que ocupa toda una pared.

Estoy deambulando por el interior, no veo lo que buscaba. Hay una señora que al verme se esconde y va hacia el final del claustro y se sienta en un rincón, hago que no la he visto. Me siento entre un sonoro estrépito del banco de madera, saco la cámara, pero se que ni siquiera voy a cargar un carrete. pruebo el fotómetro por si así se me enciende el animo, no ocurre. Pasan los minutos hay Señores disfrutando de la comida, una señora sentada en un rincón y un tío raro con una cámara enorme escribiendo en una libreta. Van pasado visitantes, no muchos, sigo pensando que es lo que pretendo al fotografiar dentro de iglesias, no encuentro respuestas y decido irme.

Salgo acompañado de varios Señores, el ambiente es familiar, vuelvo a casa, hoy no he fotografiado con la cámara, pero creo que me llevo algo.

Alberto Bayón-Cerezo.

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