Extrarradio

Levantarse con el sonido de escopetas en plena caza menor; Dicha caza se realiza en el mismo lugar donde sueles pasear y tomar fotografías mientras los conejos te acompañan como en una película de Disney, ahora esos compañeros de paseo adornan los cinturones de “valerosos” cazadores.

Mercado decadente el cual los cientos de puestos de antaño, ya solo quedan menos de una docena, van desapareciendo como en una cuanta atrás del infortunio familiar. Montar puestos para desmontarlos sin conseguir ninguna venta, recuerda a una danza estupida digna de un coreografía pedante de la gran manzana, horas de una vida vacía desperdiciada sin que le importe a nadie.

Ir a comprar churros pasadas las diez de la mañana luciendo tatuajes carcelarios llenos de errores gramaticales y pagar con calderilla céntimo a céntimo, arrancarle la bolsa de papel con los cuatro churros, subir a una vieja Rieju verde y salir volado cual película de Hollywood en plena secuencia de acción cutre.

Niños vendiendo en un puesto trastos viejos al grito de “solo cinco euros guapa” una extraña manera de pasar el domingo.

Silencio;

Silencio roto por niños qué corren tras un balón. Atronadoras motos cruzan calle abajo hasta llegar a casa de Kike, un suizo que vino con la ilusión de un niño a nuestro barrio, ahora se encarga de distribuir esa ilusión en forma de bolsitas de medio gramo a todo niño que lo desee.

Perros ladrando a tu paso frente su casa como una coreografía del ballet ruso, viejas canciones salen de algunas casas, también rompe el silencio viejos reproches gritados a pleno pulmón de casa a casa, es la rutina matutina.

La gente se cruza por la calle, se saluda cordialmente y se preguntan ¿como vas de tu cáncer? Una pregunta que ya no me parece tan extraña, casi me alegra verlos tener esa conversación, seguir con esa pregunta es vivir.

El sol parece que me lance cuchillos en vez de rayos de sol, me cruzo con la señora Ana, fue compañera de fabrica de mi padre, siempre me pregunta por el y por la fabrica, yo debo preguntarle por su hijo, pero aveces no tengo fuerzas, ya se que todo sigue igual, la vida de pueblo extrarradio es un ciclo de absoluto vacío donde los hijos al crecer hacen el papel que ejercían sus padres y sus hijos el suyo para luego seguir con el ciclo sin llegar a otro final que no sea el de morir, dejando en tus vástagos un recambio para esta maquina imperfecta que es la vida de pueblo.

Alberto Bayón-Cerezo.

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