Condena

Un día como cualquier otro y por motivos que no vienen al caso estaba bajando una escalera al sótano de una fabrica.

Al final de la vieja escalera con un suelo muy gastado de baldosa, llego a una inmensa oscuridad. A mi derecha viene un ruido ensordecedor proveniente de los compresores que alimentan la fabrica, giro hacia la izquierda y me fijo que en la pared alguien ha ido escribiendo la fecha año tras año, como un preso que va haciendo marcas en la pared para no alejarse de la realidad del exterior.

En el fondo y bañado de una tímida luz veo alguien tirado en el suelo frente una gran estantería, me acerco con toda la prisa que me permite la desconfianza y la poca luz.

Al llegar veo con asombro que no es un cuerpo humano el que esta tirado en aquel suelo frio de cemento, es un robot.

Un carísimo y sofisticado robot totalmente articulado capaz de hacer el trabajo de varios trabajadores, ahora tirado en una esquina de un húmedo sótano.

Me paso por la mente la triste idea de si así tratan su “trabajador” mas abnegado, que futuro depara al resto de trabajadores que necesitan vacaciones, tienen enfermedades o simplemente envejecen.

Pues creo que un futuro tan oscuro y desamparado como ese sótano.

Alberto Bayón-Cerezo.

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