All-in

Acabo de hacer un “all-in” he cogido mis últimos míseros euros, mi cámara y he saltado a la calle. En el chino de al lado de casa me he agenciado dos carretes Kodak de baja calidad, me doy cuenta que con las prisas me he dejado la pluma y la libreta me siento desvalido y desnudo. 

Entro en un Tiger cojo un triste blog de aspecto sucio y marrón que trae un bolígrafo hecho de cartón, pero lo peor no es eso, lo peor es que es de color azul, detesto escribir en azul ¿que alguien me explique por que narices el color mas vendido tiene que ser el azul?

Voy driblando gente hasta llegar a la caja, el cajero que esta reponiendo me mira de reojo y murmura un -solo eso- que me rebota en el interior de mi cabeza y se convierte en mi mantra.

Solo eso.

Solo eso.

Solo eso…

Pago y salgo de aquella postal kitsch que es esa tienda, el frío me golpea en la cara, para ser principios de noviembre el invierno esta mas que presente.

Cruzo plaza San Jaume, el ayuntamiento y la Generalitat se imponen ante mi como dos colosos de piedra, estamos en jornada de reflexión pero hay un abundante grupo de gente con megáfonos reclamando derechos ya perdidos, enseguida me doy cuenta que hablan en árabe, no creo que la jornada de reflexión les afecte, ni el derecho a voto tampoco.

Al fin consigo llegar a mi oasis particular, un pequeño y oscuro bar donde al entrar dejo atrás mis mierdas.

Esta vez parece que no hay absolutamente nadie, me viene a la mente las fotografías de Atget, Brassai o Michals, el local tiene un aspecto de casa vieja repleto de roble y con unos magníficos sillones verdes, sobre las mesas unas simpáticas lámparas que quieren parecer velas pero que se cargan por USB, este mundo moderno donde es mas fácil tener un artefacto electrónico para simular una vela que tener una propia vela.

Los planos del bar son dignos de una ilustración de Escher con sus laberintos y escaleras a distintos niveles sin demasiado sentido.

Escucho la puerta tras de mi, es la encargada que me mira con cara entre sorpresa y hastío, sonrío intentando no parecer un ladrón en pleno trabajo y le digo de la forma mas cortes que soy capaz que espero no haber llegado yo antes que ella, mira su reloj de pulsera y con una amable sonrisa suelta que hace justo cinco minutos que han abierto, pues cinco minutos tarde que llego, le contesto. Intento sonar una mezcla entre Bogart y Sinatra mientras la realidad es que soné como un alcohólico pidiendo su dosis de las seis y media. 

Al estar vacío me deja elegir mesa, pero yo voy a la de siempre me siento y espero mi old fashioned de costumbre.

Pongo sobre la mesa todo el material recolectado, los carretes del chino, la libreta y el estúpido bolígrafo azul, también saco la Hasselblad y le cargo uno de los carretes, siento que empiezo a ser yo.

Entre el tintineo del hielo con el vaso se cuela una canción que suena de fondo, la reconozco y pienso en lo que significaba para mi no hace tanto. Era mi canción previa a salir de fiesta con los amigos, me vienen imágenes felices a la mente, ahora en este momento y lugar no puede ser mas lo contrario; esta semana diagnosticaron un cáncer a mi padre, que se suma a la racha del cáncer de mi suegro de hace unos meses, a los de mi madre del año pasado y al de mi abuela el anterior año. 

Ademas esta mañana acabo mi primera exposición, fui a recoger mi obra sin haber recibido ninguna oferta ni interés aparente.

A esas alturas no sé porque escribo, será el whisky, luego lo borrare.

Apuro mi copa, me acabo las palomitas que serán mi cena, pago la cuenta y salgo hacer arte ¡¡joder!!

Salgo decidido hacer historia soy Richard Avedon, soy Robert Frank, yo soy el jodido Cartier-Bresson me voy a follar el puto mundo.

Claramente escribe el whiskey.

Empiezo a deambular por Barcelona la inspiración parece que se quedó en el fondo del old fashioned, recurro a la música me pongo los auriculares, solo funciona uno, pienso si Brian Wilson fue capaz de crear el maldito Pet Sounds solo con un oido todo es posible, pero ninguna fotografía me convence y la falta de luz hace que dude mucho del resultado del carrete.

Cae el primer carrete estoy seguro que no hay nada bueno ahí, cargo el segundo en medio de las ramblas, se acerca un energúmeno y me ofrece toda la droga conocida, tengo dos euros le digo y pierdo toda su atención, sigue en busca alguien más productivo.

Voy disparando suena Glenn Gould en mi auricular útil, unos guiris me preguntan por el metro mas cercano, les indico con el peor ingles que abran escuchado nunca, al indicarles he desconectado la música y ahora me llega una música familiar, es una versión mas que correcta de Bowie tocada por un músico callejero.

Me detengo, el mundo sigue girando, la gente carga con pesadas bolsas llenas de compras que no necesitan, pero por mí que explote el mundo estoy escuchando Space Odissey.

Termina la canción meto la mano en mi cartera y le doy mis últimos dos euros al músico, no puede haber nada mejor que hacer con ellos.

Se acaba el ultimo carrete, se acaba el dinero y la inspiración no apareció en ningún momento, me voy a casa.

De camino no aguanto más y me paro a escribir en un frío banco, la gente pasa, las tiendas empiezan a cerrar y un helicóptero de la policía no deja de sobrevolar mi maldita cabeza, la batería de los auriculares se acaba, creo que me queda algo de absenta y hoy no hay nadie en casa, gran plan para un sábado noche, mañana revelaré y veré si el all-in fue una apuesta ganadora o una mala juagada mas.

Bayón-Cerezo.

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