Dolores

Cuando era niño la palabra dolores significaba para mí amor, cariño, grandes platos de sopa y arroz con leche. 

Significaba subir cinco pisos sin ascensor para pasar la tarde con mi abuela, una mujer fuerte de la España olvidada que crio a seis hijos en la postguerra.

Esa mujer de pelo negro como su ropa tras enterrar a unos de sus hijos y rizado como los remolinos que forman las hojas en otoño arrastradas por el viento, siempre me pedía sus dos besos cuando iba de visita, pero ya desde niño era reacio al contacto humano y me resistía, ella me agarraba con sus curtidas manos de años trabajos de campo y me los plantaba sin remedio, que daría ahora por uno de esos raptos de mi abuela.

El primer recuerdo que tengo de ella es mas una sensación que una imagen, recuerdo como me despertaba para ir al colegio entre tinieblas todavía de quien sigue dormido, me ponía de pie en la cama y me bestia entre zarandeos subiéndome los pantalones, ese movimiento es lo que mas recuerdo, una especie de baile ceremonial antes de ir a clase.

Pero si hay algo que recuerdo bien es mi ultimo recuerdo, mis padres se acababan de divorciar, cosa muy normal de mi generación, mi padre me llevo a verla aquel ático de escaleras infinitas dignas de Escher.

Hacia algún tiempo que no íbamos, a mi padre no le apetecía mucho ir de visita, seguro que ahora el también daría cualquier cosa por el roce de esas manos callosas. La visita fue la típica de un hijo a su madre con frases como -¿cómo estas? o -¿que te dijo el medico? La visita protocolaria diríamos.

Cuando fue la hora de irse mi abuela Dolores me pidió sus dos besos y si ya de niño me costaba de adolescente eso no mejoro, ella me volvió a agarrar me acerco a su rostro y planto los dos besos al apartarme me miro a los ojos fijamente y me dijo con voz serena y desprendiendo amor en cada una de las palabras –no me olvides-.

Me quede en shock ya que ¿cómo no iba a volver a verla? es mi abuela siempre estará ahí, pensaba aquel barbilampiño confiado adolescente.

Pues no amigo, esa fue la última vez que la viste y esas sus últimas palabras que te dijo.

Esas palabras vienen a mí muy a menudo con una sensación triste de haber perdido algo importante.

Bayón-Cerezo.

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