Me dejas cinco euros?

Con el pasó de los años tendemos a normalizar ciertas situaciones, circunstancias o comportamientos que están lejos de lo cotidiano.

Como los trabajadores en altura que ven normal pasar horas colgados de un cable a cientos de metros del suelo, o La Niña consentida acostumbrada a tener todo lo que le plazca o el policía acostumbrado a cobrar una pasta por no hacer nada.

Pues bien esta mañana me di cuenta de una de estas normalizaciones mias. Iba camino al trabajo sobre las cuatro y media de la mañana, noche cerrada totalmente oscuro y calurosa, en la calle solo quedan restos de gente que vuelve de fiesta y gente que no se puede permitir salir de fiesta, ni vivir diría.

Cuando de una esquina sale un tío en chándal, primer “red flag” odio el chándal, me asalta por la derecha pidiéndome que le preste cinco euros, lo mire a los ojos y con voz de llevar despierto cinco minutos le dije algo como – tío voy al curro y no tengo nada, ni dinero ni ganas de nada.

El chaval sale tras de mi e insiste en que me acerque y que viera algo que tenía en mano, yo con suficiente hastío por ir a trabajar como para ver que mierda tenía en mano, seguí caminando sin importarme una mierda su existencia.

Cuando llegaba al coche me puse a pensar, seria unos cinco minutos después, creo que es la velocidad máxima de mi cerebro a esa hora. Pensé que eso pobre desgraciado en chándal había intentado robarme, que lo que tenia en la mano era una navaja y yo con mi “sudapollismo” patentado lo había dejado navaja en mano sin saber que hacer, muy poco educado por mi parte tengo que reconocer.

Entonces me he puesto a pensar en cuantas de estas situaciones habré estado sin darle importancia y joder salen muchas.

Me viene a la mente una chica que intento detenerme a esa misma hora, creo que debería pedir un plus de peligrosidad ahora que pienso, pues caminaba yo hacía el coche me abordo pidiendo dinero, al ver que yo no frenaba comenzó a gritar casi cantando “¡la fiesta termino!”.

Sorprendido pensé que me cantaba algo bonito embelesada por mi porte al lo Humphrey Bogart, pero no. Al pasar por ahí ya en coche la chica ya no estaba sola, ahora la acompañaba un tío alto como un edifico y ambos buscaban a alguien o algo. En ese momento pensé que se habían perdido.

Ahora se que no.

Bayón-Cerezo.

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